en la Costa de la Muerte
y mugiendo se divierte
y al divertirse reía,
cómo la vaca sería
de terrenal y sagrada
que cuando se vio arrastrada
al matadero un mal día
la risa se llevaría
y aquí no se quedó nada...
¡Sólo nos dejaba un toro
frente a un torero de oro!
Jesús María Bustelo Acevedo
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